diciembre 15, 2025

La Hija de un Padre


Una hija nunca deja de necesitar a su papá.

Porque para una hija, tener a su padre es lo que le permite seguir siendo niña, incluso cuando la vida la obliga a crecer.

Mientras papá vive, hay un lugar donde una siempre puede volver a ser pequeña, frágil, protegida.

Para un padre, su hija no envejece jamás.

Puede cambiar de edad, de voz, de caminos… pero en sus ojos siempre será su niña.

El día que mi padre murió, no solo se fue él.

Ese día se me apagó la infancia.

Se cerró el refugio donde aún podía descansar mi niña interior, donde sabía que, pasara lo que pasara, papá estaba.

Hoy camino distinta.

Más adulta, más consciente… pero con un vacío sagrado.

Porque perder a un padre es aprender a vivir sin red, es entender que hay amores que no se reemplazan y presencias que, aun ausentes, siguen sosteniéndonos.

Gracias, papi, por haber sido mi hogar.

Por dejarme ser niña mientras estuviste aquí.

Tu esencia vive en mí… sigo siendo tu hija, para siempre.

octubre 25, 2025

Sin destinatario


Te escribí más de cien poemas… y ninguno te lo hice llegar.

No porque no quisiera, sino porque entendí que no todo lo que nace del alma está destinado a ser recibido.

Te escribí más de cien mil letras, y ninguna la llegaste a leer.

Te escribí mas de cien historias, todas con un final diferente, pero ninguno como el que realmente fue.

Se quedaron guardadas entre notas, en borradores que nunca tuvieron destino, en palabras que aprendieron a existir sin respuesta.

Y, sin embargo, eran reales.

Cada frase tenía tu nombre escondido, aunque nunca lo escribiera. Cada línea llevaba algo de lo que no supe decir en voz alta, de lo que no encontré cómo colocar frente a ti sin sentir que se rompía algo más.

Es extraño…

porque uno pensaría que escribir tanto es una forma de soltar. Pero en mi caso, escribir fue una forma de quedarme. De quedarme en lo que sentía, de no negarlo, de no reducirlo a silencio seco.

Te escribí en las noches donde el mundo se apagaba y lo único que quedaba era lo que no resolvimos.

Te escribí en los días donde fingía que ya no importaba, pero algo dentro de mí seguía buscando forma.

Nunca te llegaron. Y quizás así debía ser.

Porque no eran cartas para ti… eran intentos de entenderme.

Intentos de traducir eso que no se fue cuando todo lo demás se fue. Eso que no desapareció cuando decidí alejarme.

Eso que no encajaba en el final que tuvimos.

Te escribí más de cien veces “ya no”, y más de cien veces “todavía”.

Y en algún punto entendí que ambas cosas podían existir al mismo tiempo.

Que podía no saber de ti…y aún así escribirte.

Que podía no hablarte…y aún así sentirte en cada palabra que no decía en voz alta.

No sé qué hubiera pasado si hubieras leído aunque sea una sola línea.

No sé si algo hubiera cambiado, o si simplemente habría confirmado lo que ya era inevitable.

Pero hay algo que sí sé.

Todo lo que escribí fue verdad.

Aunque nunca saliera de mí boca, aunque nunca llegara a ti, aunque nunca tuviera respuesta.

Porque hay palabras que no se escriben para ser leídas…se escriben para sobrevivir.

Te escribí 570 cartas, todas...sin destinatario.

Si mi corazón deja de latir primero que el tuyo, tal vez alguien las encontrara y sabrá que hablaban de ti, y te las de, o tal vez la soberbia del descubridor decida que son basura y las deje a la deriva, porque aun cuando me encuentre sin latidos, seguirán sin destinatario evidente.

octubre 03, 2025

Metamorfosis

 


—¿Sabes lo que me asusta? —dije, mirando al suelo—. Que cambiar signifique perderme otra vez.

—No te pierdes —respondió ella con voz suave—. Te transformas. Como la piel que se renueva o la herida que cicatriza.

—Se siente como romperse en mil pedazos.

—Claro que duele, porque no eres de piedra. El dolor es la señal de que estás dejando espacio para lo nuevo.

—¿Y si lo nuevo no me gusta? ¿Si no reconozco a la persona en la que me convierto?

—Entonces recuerda que siempre has sido muchas. La niña que fuiste, la mujer que eres, la que aún no conoces… todas viven en ti. La metamorfosis no borra, integra.

Me quedé en silencio, sintiendo el peso de sus palabras.

—¿Y tú? —pregunté—. ¿Has cambiado alguna vez tanto que ya no supiste quién eras?

Ella sonrió con melancolía.

—Sí. Pero aprendí algo: en cada transformación, aunque me desconozca, siempre queda intacto un núcleo… ese pequeño fuego que me recuerda quién soy de verdad.

—¿Y si yo no encuentro ese fuego?

—Entonces préstame tu mano —me dijo—. Lo buscaremos juntas.


septiembre 07, 2025

Metástasis



Dicen que el tiempo todo lo cura, como si el amor fuera herida, como si doler significara estar enfermo.

No es una enfermedad que necesita remedio. No hay ungüentos, ni relojes, ni consejos que lo borren.

Amar no es fiebre que baja, ni fractura que el hueso remienda, ni cicatriz que se borra con los días.

El amor no se cura. Y no porque enferme, sino porque trasciende lo que puede remediarse.

Se queda.

En la piel, en la memoria, en el pulso.

En lo que somos después de haber amado.

Solo hay que dejar que nos transforme, que nos enseñe, que nos haga más humanos.

El amor no se cura, porque nunca fue una enfermedad.

El amor no tiene cura, porque hoy llevo en mí fragmentos de quién amé, soy la metástasis de sus memorias.


septiembre 03, 2025

El Aguador


En Troya, existía un joven de extraordinaria belleza y luz. un príncipe y pastor, cuya presencia iluminaba todo a su alrededor. No solo su rostro era hermoso: su espíritu era brillante y sereno, capaz de inspirar sabiduría y calma en quienes lo veían.

Zeus, rey de los dioses, lo observó desde el Olimpo. Fascinado por su resplandor y por la pureza de su alma, decidió que ese joven debía compartir su luz en el cielo.

Transformándose en un águila majestuosa, descendió velozmente, —¿Quién eres tú que iluminas incluso mi cielo? —preguntó Zeus, entre truenos que no lograban opacar la luz del joven.

El joven alzó la mirada rebelde y en tono sereno respondió:

—Soy el reflejo de lo que la tierra olvida de sí misma. Y mi destino no pertenece a mí, sino a quienes buscan la verdad y la luz, mi nombre es Ganimedes.

—Joven Ganimedes, tu belleza y tu luz no pertenecen solo a los mortales. Ven conmigo y serás copero de los dioses, sirviendo el néctar de la inmortalidad.

El joven no gritó ni se resistió; en su corazón comprendía que su destino estaba más allá de la tierra.

—Ve, joven de luz —susurró Zeus —. Que tu chispa despierte lo divino en aquellos que llegan para transformar el mundo.

Zeus tocó su frente, y como recompensa, la luz de Ganimedes se dispersó en millones de estrellas. La constelación de Acuario, el Aguador, emergió, su cántaro derramando luz sobre la tierra como un río celestial. Cada gota era un hilo de chispa divina que conectaba el cielo con los corazones de quienes estaban destinados a nacer bajo su signo.

Y aquí radica la singularidad de Acuario: no es un animal ni un objeto, como todos las demás constelaciones. Es un ser humano que comparte su don con todos, porque la chispa de Ganimedes —su claridad, su capacidad de inspirar y transformar— solo puede representarse en un ser consciente, en un portador de luz que refleje la sabiduría y la creatividad que él trajo al mundo. Su humanidad simboliza el puente entre lo divino y lo humano.

Cada año, en el instante más breve del tiempo, el portal de su constelación se abre, y los Acuarianos nacen con la chispa de su creatividad, inteligencia y un fuego interior que los hace portadores de luz en el mundo.

Y así, la historia de Ganimedes se convirtió en mito y constelación, un puente entre el cielo y los mortales. Su luz eterna recuerda que el humano puede ser la chispa del cosmos, y que Acuario, el único signo humano del zodiaco, lleva en sí mismo la esencia de un joven cuya luz un día cautivó a Zeus y cambió la historia.


septiembre 02, 2025

C A T A R S I S




En el silencio profundo donde todo nace, descubro que la herida nunca fue ruina, sino portal.

Me desprendí del peso de los días grises, como quien se quita un abrigo mojado al sol.

Cada lágrima derramada fue agua sagrada que purificó mi tierra, cada sombra que me cubrió fue la cuna donde germinaba mi luz.

Las lágrimas, que ayer fueron mares sin orilla, se han vuelto ríos claros que me guían hacia la vida.

Descubro que en el dolor también habita la siembra, que el vacío era un campo preparado para florecer.

Soy raíz que atraviesa el pavimento, soy semilla que rompe la oscuridad para encontrar el sol. Y en ese ascenso, la vida me nombra de nuevo.

Respiro profundo, y en ese aliento me reconozco: no soy la sombra que me cubría, sino la luz que aprendió a crecer en la penumbra.

Camino más liviana, con cicatrices que brillan como constelaciones, recordándome que nunca estuve rota, solo estaba transformándome.

Esto es catarsis...

Mis cicatrices se volvieron alas y pude volar al origen sin miedo, renacer de mí misma y celebrar que sigo aqui

más fuerte,

más viva.

más mía.


septiembre 01, 2025

Quimera



Te sentia desde antes de conocerte,como un viento que acaricia mi alma,como un faro que anuncia tu presencia en la orilla de esta vida tempestuosa.

Eres quimera que se aproxima, el susurro de un futuro inesperado, la promesa que danza entre la bruma y hace latir mi sentenciado corazón.

Aún no toco tus labios, ni reconozco tu perfume en la multitud, pero ya ardes en mi pensamiento, luminosa, virtuosa ...inevitable.

Te espero en cada instante que nace,en cada sombra que se ilumina, porque sé que pronto cruzarás mi cielo.


agosto 27, 2025

El Amor Propio


 El amor propio tiene empatía con el otro porque aprendió a tener empatía consigo mismo y con sus propias heridas.

 El amor propio no hiere, porque entendió sus sombras y tuvo compasión de ellas. 

El amor propio no compite, porque aprendió que no hay nada que demostrar cuando se reconoce el valor propio.

El amor propio no abandona, porque sabe lo que duele sentirse abandonado.

El amor propio no humilla, porque aprendió a levantarse de sus propias caídas sin juzgarse. 

El amor propio no exige perfección, porque se reconcilió con su propia imperfección.

El amor propio no es indiferente, porque sabe lo que significa necesitar una mano y no encontrarla.

El amor propio no es egoísta, porque entendió que al dar lo que tiene, se multiplica.

El amor propio no lastima, porque ya no vive en guerra con lo que es.

El amor propio, cuando es real, se convierte en amor humano. Y desde ahí, nada de lo que toca se divide...florece.

agosto 21, 2025

Café


El aroma a café recién molido llenaba el lugar mientras me acomodaba en una mesa junto a la ventana. Entre la bruma ligera del vapor, la vi.

Las demás mesas estaban ocupadas, y ella se acercó:

—¿Puedo sentarme aquí? —preguntó con voz suave, señalando mi mesa.

—Claro —dije, apenas notando cómo mi corazón reaccionaba ante su presencia.

Tenía el pelo largo, brillante, que caía como un río oscuro sobre sus hombros, y cada movimiento suyo parecía ensayar un baile silencioso. No era solo su belleza; era la forma en que estaba presente, con calma, como si el mundo se doblara a su alrededor sin esfuerzo.

Se sentó y comenzó a hablarme, y de inmediato sentí algo extraño: una mezcla de serenidad y curiosidad que me sacudía por dentro. Cada palabra suya era medida, segura, cálida; inteligente sin arrogancia, capaz de iluminar pensamientos que no sabía que tenía.

No supe cuándo empezó, pero mi mirada se perdió en la manera en que sus manos rozaban la taza, en la ligera sonrisa que se dibujaba al explicarme algo, en la calma que irradiaba, como si pudiera detener el tiempo con solo existir.

Me hacía sentir dos cosas a la vez: tranquilidad y urgencia, como si quisiera acercarme y al mismo tiempo detenerme a contemplarla desde lejos. Como si cada gesto suyo fuera un enigma que no podía dejar de intentar descifrar.

Y mientras la escuchaba, algo me resultaba sorprendentemente familiar. Era como si la conociera desde siempre, como si su presencia despertara ecos de algo olvidado, algo que había habitado mi alma en otros tiempos.

Pero al mirar detrás de ella, un escalofrío recorrió mi espalda: el rostro del Diablo se asomaba, sombrío y burlón, recordándome el vacío que habita en mi interior. Un recordatorio de que, por mucho que algo pueda sentirse familiar y cálido, siempre hay un abismo que me separa de la plenitud.

Aun así, ella seguía allí, su voz calmada, su mirada intensa, y un hilo invisible de algo, desafiando la oscuridad y el vacío que sabía que me acompañaría siempre.


agosto 19, 2025

Alma Viajera


Desde siempre he sentido que mi vida no empezó aquí. Que llevo conmigo ecos antiguos, memorias que no se explican con palabras, pero que laten en mis sueños y en mi manera de ver el mundo.

Mi camino es el arte... Es como si ya hubiera aprendido antes a darle forma a las emociones a través de la palabra, el arte y la risa. Y en efecto, cuando cierro los ojos y me dejo llevar, me veo en otra época, en un lugar junto al mar, contando historias.

No era alguien de poder ni de riquezas, pero sí de voz. Narraba cuentos, compartía cantos, regalaba esperanza en medio de los días grises. En esa vida, mi misión era llevar luz a otros con lo que salía de mi interior.

Sin embargo, también recuerdo la otra cara de ese viaje: la sensación de que lo que daba a los demás a veces me dejaba vacía a mí. Era como si aprendiera a llenar a otros, pero olvidara cuidarme. Esa lección se repite incluso hoy: no perderme en la entrega, no desgastarme por completo en lo que doy.

El eco de aquella existencia aún me acompaña. Esa es la razón por la que, incluso en esta vida, siento tanta necesidad de crear, de hablar, de escribir. No es solo un talento: es un recuerdo. Es una promesa que hice mucho antes de nacer aquí.

Quizá por eso cuando encuentro momentos de calma, me descubro escribiendo frases que parecen venir de otro tiempo, o soñando con escenarios que nunca conocí y, sin embargo, me resultan familiares. Es el alma que susurra: “ya has estado aquí antes, sigue creando, sigue iluminando”.

Y así, en cada palabra y en cada trazo, no solo me expreso: me reconecto con quien fui.


agosto 04, 2025

Fragmentos de Sombra


 Fragmento I — La mirada


No es la luz ni la sombra lo que advierte de su presencia.

Es la mirada.

Esa mirada fija y penetrante, que parece atravesar vidas, la de un lobo a punto de morder a su presa.

Nathan no es solo una sombra dentro de mí.

Es el fuego que se enciende cuando todo lo demás falla, la bestia que protege con dientes afilados, pero que también hiere sin querer.

Lo creé para sobrevivir, para ser fuerte, para no ceder, pero a veces, esa mirada me recuerda que el precio de esa fuerza es alto, que la bestia dentro de mí no conoce misericordia.

Y aunque lo encadené, lo abandoné, su mirada sigue quemando en la oscuridad, recordándome que nunca estará realmente dormido.



Fragmento II — El pacto oculto


No recuerdo el momento exacto en que Nathan emergió, solo sé que siempre estuvo acechando en los rincones más oscuros de mi ser.

No pidió permiso, no ofreció palabras.

Solo llegó con esa mirada feroz y decidida, como un lobo reclamando su territorio.

Le di un espacio oculto, un refugio entre mis miedos, y a cambio, él me ofreció fuerza y protección, una furia imparable cuando el mundo se volvía enemigo.

Pero su poder era salvaje, difícil de controlar,y a veces, en su defensa, dañaba lo que más amaba.

Desde entonces, cuando cierro los ojos, no estoy sola.


Fragmento III — La llama 


En la oscuridad, hay un resplandor que no se apaga.

No es luz ni sombra, sino una llama roja que arde bajo mi piel.

Es la señal de Nathan, el brillo feroz de esa mirada, el fuego que incendia silencios y despierta instintos.

No necesito verlo para sentirlo cerca, porque esa llama siempre me encuentra, recordándome que la bestia nunca está lejos.


Fragmento IV — El susurro de fuego


El rojo no solo arde, también susurra.

En la penumbra, su voz se desliza entre llamas invisibles.

No es amenaza ni promesa, es advertencia.

Cuando Nathan habla, el tiempo se detiene.

Las sombras se encogen y el silencio se vuelve denso, pesado.

Es un fuego que no quema cuerpos, sino certezas.

Escucho su susurro y sé que la línea que me separa de él es tan frágil como una brasa que puede prenderlo todo.


Fragmento V — El eco prohibido


“No me agrada ese perro.”

Palabras que vuelven, pesadas y afiladas,

como un latido que no se detiene en la noche.

Nathan no es solo sombra o fuego, es lobo en la oscuridad y colmillos afilados, una presencia que no busca ser aceptada, solo respetada.

Quien dijo esas palabras entendió que el lobo protege con dulzura, pero también devora, que el miedo es la frontera donde él reina.

Y aunque encadenado, el lobo escucha, porque ser temido es su fuerza más pura.


Fragmento VI — La despedida


Nathan,

Te escribo desde la calma que solo la distancia puede dar.

No fue fácil dejarte atrás, ni encerrar al lobo que llevas en la mirada.

Fuiste mi escudo cuando el mundo era demasiado cruel, mi furia cuando el miedo me paralizaba y también fuiste la tormenta que destruyó lo que más amaba, el fuego que quemó sin querer.

Por eso te encerré.

No porque te odiara, sino porque amarme a mí misma exigía paz, y contigo libre, no podía tenerla.

Las llaves las guardo conmigo, no para olvidarte, sino para recordarte que siempre estarás ahí, silencioso, acechando en el borde de mi alma.

A veces te extraño, lobo feroz, esa fuerza salvaje que quise domar pero que nunca pude.

Este no es un adiós, solo un hasta luego.

Porque sé que, cuando la oscuridad llame, tú volverás a despertar.


Fragmento VII — El peso de la jaula


Encerrar a un lobo no es quitarle la naturaleza, es cargar con su peso en el alma, en silencio.

Cada noche, siento el roce invisible de sus garras, la presión de su mirada roja, ardiente y expectante, recordándome que la jaula es solo un intento, una frontera frágil entre la furia y la calma.

Nathan no es solo mi sombra oscura, es también el fuego que me dio fuerza para seguir, pero que terminó consumiendolo todo a su paso 

No puedo negarlo, a veces lo extraño, ese poder sin límites, ese instinto salvaje que me protegía.

Pero su libertad tenía un precio demasiado alto, y la paz que necesito ahora solo puede existir sin él.


Fragmento VIII — El susurro final


Tal vez algún día vuelva a abrir la jaula, no porque quiera perderme, sino porque el lobo dentro de mí es parte de mi historia, de mi fuerza y de mi dolor.

Por ahora, guardo las llaves con cuidado, saboreando la calma que trae la distancia, escuchando el eco lejano de una mirada firme que me recuerda quién fui y quién sigo siendo, aunque ahora...en silencio.

mayo 11, 2025

Con esto me quedo



Me quedo con las cosas maravillosas que me has dado; me quedo con ese mundo que pasa por tus ojos cuando me miras, me quedo con  esa sonrisa que no pasa de tus labios pero que hacen brillar tu ojos. 

Me quedo con esas miradas robadas de entre tanta gente y que es tan publico,  tan secreto, tan nuestro. Me quedo con la infinidad de cosas que despertarte, que reavivaste y con las tantas que creaste; con las enseñanzas de algo tan grande en momentos tan pequeños, tan fugaces pero tan cargados de cosas bonitas.

Me quedo con los secretos que me dices con tus ojos y que muchos nisiquera me has contado, y es que me toca quedarme con todo eso ya que con lo mas grande que podre quedarme, no puedo hacerlo; me toca hurgar en un montañas de archivos por instantes fugaces para poder decir que en lugar de quedarme con las cosas que me encantan de ti... me quede contigo.


— Autor Desconocido.

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