agosto 19, 2025

Alma Viajera


Desde siempre he sentido que mi vida no empezó aquí. Que llevo conmigo ecos antiguos, memorias que no se explican con palabras, pero que laten en mis sueños y en mi manera de ver el mundo.

Mi camino es el arte... Es como si ya hubiera aprendido antes a darle forma a las emociones a través de la palabra, el arte y la risa. Y en efecto, cuando cierro los ojos y me dejo llevar, me veo en otra época, en un lugar junto al mar, contando historias.

No era alguien de poder ni de riquezas, pero sí de voz. Narraba cuentos, compartía cantos, regalaba esperanza en medio de los días grises. En esa vida, mi misión era llevar luz a otros con lo que salía de mi interior.

Sin embargo, también recuerdo la otra cara de ese viaje: la sensación de que lo que daba a los demás a veces me dejaba vacía a mí. Era como si aprendiera a llenar a otros, pero olvidara cuidarme. Esa lección se repite incluso hoy: no perderme en la entrega, no desgastarme por completo en lo que doy.

El eco de aquella existencia aún me acompaña. Esa es la razón por la que, incluso en esta vida, siento tanta necesidad de crear, de hablar, de escribir. No es solo un talento: es un recuerdo. Es una promesa que hice mucho antes de nacer aquí.

Quizá por eso cuando encuentro momentos de calma, me descubro escribiendo frases que parecen venir de otro tiempo, o soñando con escenarios que nunca conocí y, sin embargo, me resultan familiares. Es el alma que susurra: “ya has estado aquí antes, sigue creando, sigue iluminando”.

Y así, en cada palabra y en cada trazo, no solo me expreso: me reconecto con quien fui.


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