Te escribí más de cien poemas… y ninguno te lo hice llegar.
No porque no quisiera, sino porque entendí que no todo lo que nace del alma está destinado a ser recibido.
Te escribí más de cien mil letras, y ninguna la llegaste a leer.
Te escribí mas de cien historias, todas con un final diferente, pero ninguno como el que realmente fue.
Se quedaron guardadas entre notas, en borradores que nunca tuvieron destino, en palabras que aprendieron a existir sin respuesta.
Y, sin embargo, eran reales.
Cada frase tenía tu nombre escondido, aunque nunca lo escribiera. Cada línea llevaba algo de lo que no supe decir en voz alta, de lo que no encontré cómo colocar frente a ti sin sentir que se rompía algo más.
Es extraño…
porque uno pensaría que escribir tanto es una forma de soltar. Pero en mi caso, escribir fue una forma de quedarme. De quedarme en lo que sentía, de no negarlo, de no reducirlo a silencio seco.
Te escribí en las noches donde el mundo se apagaba y lo único que quedaba era lo que no resolvimos.
Te escribí en los días donde fingía que ya no importaba, pero algo dentro de mí seguía buscando forma.
Nunca te llegaron. Y quizás así debía ser.
Porque no eran cartas para ti… eran intentos de entenderme.
Intentos de traducir eso que no se fue cuando todo lo demás se fue. Eso que no desapareció cuando decidí alejarme.
Eso que no encajaba en el final que tuvimos.
Te escribí más de cien veces “ya no”, y más de cien veces “todavía”.
Y en algún punto entendí que ambas cosas podían existir al mismo tiempo.
Que podía no saber de ti…y aún así escribirte.
Que podía no hablarte…y aún así sentirte en cada palabra que no decía en voz alta.
No sé qué hubiera pasado si hubieras leído aunque sea una sola línea.
No sé si algo hubiera cambiado, o si simplemente habría confirmado lo que ya era inevitable.
Pero hay algo que sí sé.
Todo lo que escribí fue verdad.
Aunque nunca saliera de mí boca, aunque nunca llegara a ti, aunque nunca tuviera respuesta.
Porque hay palabras que no se escriben para ser leídas…se escriben para sobrevivir.
Te escribí 570 cartas, todas...sin destinatario.
Si mi corazón deja de latir primero que el tuyo, tal vez alguien las encontrara y sabrá que hablaban de ti, y te las de, o tal vez la soberbia del descubridor decida que son basura y las deje a la deriva, porque aun cuando me encuentre sin latidos, seguirán sin destinatario evidente.
