agosto 27, 2025

El Amor Propio


 El amor propio tiene empatía con el otro porque aprendió a tener empatía consigo mismo y con sus propias heridas.

 El amor propio no hiere, porque entendió sus sombras y tuvo compasión de ellas. 

El amor propio no compite, porque aprendió que no hay nada que demostrar cuando se reconoce el valor propio.

El amor propio no abandona, porque sabe lo que duele sentirse abandonado.

El amor propio no humilla, porque aprendió a levantarse de sus propias caídas sin juzgarse. 

El amor propio no exige perfección, porque se reconcilió con su propia imperfección.

El amor propio no es indiferente, porque sabe lo que significa necesitar una mano y no encontrarla.

El amor propio no es egoísta, porque entendió que al dar lo que tiene, se multiplica.

El amor propio no lastima, porque ya no vive en guerra con lo que es.

El amor propio, cuando es real, se convierte en amor humano. Y desde ahí, nada de lo que toca se divide...florece.

agosto 21, 2025

Café


El aroma a café recién molido llenaba el lugar mientras me acomodaba en una mesa junto a la ventana. Entre la bruma ligera del vapor, la vi.

Las demás mesas estaban ocupadas, y ella se acercó:

—¿Puedo sentarme aquí? —preguntó con voz suave, señalando mi mesa.

—Claro —dije, apenas notando cómo mi corazón reaccionaba ante su presencia.

Tenía el pelo largo, brillante, que caía como un río oscuro sobre sus hombros, y cada movimiento suyo parecía ensayar un baile silencioso. No era solo su belleza; era la forma en que estaba presente, con calma, como si el mundo se doblara a su alrededor sin esfuerzo.

Se sentó y comenzó a hablarme, y de inmediato sentí algo extraño: una mezcla de serenidad y curiosidad que me sacudía por dentro. Cada palabra suya era medida, segura, cálida; inteligente sin arrogancia, capaz de iluminar pensamientos que no sabía que tenía.

No supe cuándo empezó, pero mi mirada se perdió en la manera en que sus manos rozaban la taza, en la ligera sonrisa que se dibujaba al explicarme algo, en la calma que irradiaba, como si pudiera detener el tiempo con solo existir.

Me hacía sentir dos cosas a la vez: tranquilidad y urgencia, como si quisiera acercarme y al mismo tiempo detenerme a contemplarla desde lejos. Como si cada gesto suyo fuera un enigma que no podía dejar de intentar descifrar.

Y mientras la escuchaba, algo me resultaba sorprendentemente familiar. Era como si la conociera desde siempre, como si su presencia despertara ecos de algo olvidado, algo que había habitado mi alma en otros tiempos.

Pero al mirar detrás de ella, un escalofrío recorrió mi espalda: el rostro del Diablo se asomaba, sombrío y burlón, recordándome el vacío que habita en mi interior. Un recordatorio de que, por mucho que algo pueda sentirse familiar y cálido, siempre hay un abismo que me separa de la plenitud.

Aun así, ella seguía allí, su voz calmada, su mirada intensa, y un hilo invisible de algo, desafiando la oscuridad y el vacío que sabía que me acompañaría siempre.


agosto 19, 2025

Alma Viajera


Desde siempre he sentido que mi vida no empezó aquí. Que llevo conmigo ecos antiguos, memorias que no se explican con palabras, pero que laten en mis sueños y en mi manera de ver el mundo.

Mi camino es el arte... Es como si ya hubiera aprendido antes a darle forma a las emociones a través de la palabra, el arte y la risa. Y en efecto, cuando cierro los ojos y me dejo llevar, me veo en otra época, en un lugar junto al mar, contando historias.

No era alguien de poder ni de riquezas, pero sí de voz. Narraba cuentos, compartía cantos, regalaba esperanza en medio de los días grises. En esa vida, mi misión era llevar luz a otros con lo que salía de mi interior.

Sin embargo, también recuerdo la otra cara de ese viaje: la sensación de que lo que daba a los demás a veces me dejaba vacía a mí. Era como si aprendiera a llenar a otros, pero olvidara cuidarme. Esa lección se repite incluso hoy: no perderme en la entrega, no desgastarme por completo en lo que doy.

El eco de aquella existencia aún me acompaña. Esa es la razón por la que, incluso en esta vida, siento tanta necesidad de crear, de hablar, de escribir. No es solo un talento: es un recuerdo. Es una promesa que hice mucho antes de nacer aquí.

Quizá por eso cuando encuentro momentos de calma, me descubro escribiendo frases que parecen venir de otro tiempo, o soñando con escenarios que nunca conocí y, sin embargo, me resultan familiares. Es el alma que susurra: “ya has estado aquí antes, sigue creando, sigue iluminando”.

Y así, en cada palabra y en cada trazo, no solo me expreso: me reconecto con quien fui.


agosto 04, 2025

Fragmentos de Sombra


 Fragmento I — La mirada


No es la luz ni la sombra lo que advierte de su presencia.

Es la mirada.

Esa mirada fija y penetrante, que parece atravesar vidas, la de un lobo a punto de morder a su presa.

Nathan no es solo una sombra dentro de mí.

Es el fuego que se enciende cuando todo lo demás falla, la bestia que protege con dientes afilados, pero que también hiere sin querer.

Lo creé para sobrevivir, para ser fuerte, para no ceder, pero a veces, esa mirada me recuerda que el precio de esa fuerza es alto, que la bestia dentro de mí no conoce misericordia.

Y aunque lo encadené, lo abandoné, su mirada sigue quemando en la oscuridad, recordándome que nunca estará realmente dormido.



Fragmento II — El pacto oculto


No recuerdo el momento exacto en que Nathan emergió, solo sé que siempre estuvo acechando en los rincones más oscuros de mi ser.

No pidió permiso, no ofreció palabras.

Solo llegó con esa mirada feroz y decidida, como un lobo reclamando su territorio.

Le di un espacio oculto, un refugio entre mis miedos, y a cambio, él me ofreció fuerza y protección, una furia imparable cuando el mundo se volvía enemigo.

Pero su poder era salvaje, difícil de controlar,y a veces, en su defensa, dañaba lo que más amaba.

Desde entonces, cuando cierro los ojos, no estoy sola.


Fragmento III — La llama 


En la oscuridad, hay un resplandor que no se apaga.

No es luz ni sombra, sino una llama roja que arde bajo mi piel.

Es la señal de Nathan, el brillo feroz de esa mirada, el fuego que incendia silencios y despierta instintos.

No necesito verlo para sentirlo cerca, porque esa llama siempre me encuentra, recordándome que la bestia nunca está lejos.


Fragmento IV — El susurro de fuego


El rojo no solo arde, también susurra.

En la penumbra, su voz se desliza entre llamas invisibles.

No es amenaza ni promesa, es advertencia.

Cuando Nathan habla, el tiempo se detiene.

Las sombras se encogen y el silencio se vuelve denso, pesado.

Es un fuego que no quema cuerpos, sino certezas.

Escucho su susurro y sé que la línea que me separa de él es tan frágil como una brasa que puede prenderlo todo.


Fragmento V — El eco prohibido


“No me agrada ese perro.”

Palabras que vuelven, pesadas y afiladas,

como un latido que no se detiene en la noche.

Nathan no es solo sombra o fuego, es lobo en la oscuridad y colmillos afilados, una presencia que no busca ser aceptada, solo respetada.

Quien dijo esas palabras entendió que el lobo protege con dulzura, pero también devora, que el miedo es la frontera donde él reina.

Y aunque encadenado, el lobo escucha, porque ser temido es su fuerza más pura.


Fragmento VI — La despedida


Nathan,

Te escribo desde la calma que solo la distancia puede dar.

No fue fácil dejarte atrás, ni encerrar al lobo que llevas en la mirada.

Fuiste mi escudo cuando el mundo era demasiado cruel, mi furia cuando el miedo me paralizaba y también fuiste la tormenta que destruyó lo que más amaba, el fuego que quemó sin querer.

Por eso te encerré.

No porque te odiara, sino porque amarme a mí misma exigía paz, y contigo libre, no podía tenerla.

Las llaves las guardo conmigo, no para olvidarte, sino para recordarte que siempre estarás ahí, silencioso, acechando en el borde de mi alma.

A veces te extraño, lobo feroz, esa fuerza salvaje que quise domar pero que nunca pude.

Este no es un adiós, solo un hasta luego.

Porque sé que, cuando la oscuridad llame, tú volverás a despertar.


Fragmento VII — El peso de la jaula


Encerrar a un lobo no es quitarle la naturaleza, es cargar con su peso en el alma, en silencio.

Cada noche, siento el roce invisible de sus garras, la presión de su mirada roja, ardiente y expectante, recordándome que la jaula es solo un intento, una frontera frágil entre la furia y la calma.

Nathan no es solo mi sombra oscura, es también el fuego que me dio fuerza para seguir, pero que terminó consumiendolo todo a su paso 

No puedo negarlo, a veces lo extraño, ese poder sin límites, ese instinto salvaje que me protegía.

Pero su libertad tenía un precio demasiado alto, y la paz que necesito ahora solo puede existir sin él.


Fragmento VIII — El susurro final


Tal vez algún día vuelva a abrir la jaula, no porque quiera perderme, sino porque el lobo dentro de mí es parte de mi historia, de mi fuerza y de mi dolor.

Por ahora, guardo las llaves con cuidado, saboreando la calma que trae la distancia, escuchando el eco lejano de una mirada firme que me recuerda quién fui y quién sigo siendo, aunque ahora...en silencio.

Entradas populares